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NOTA "ROSARIO, LLUEVE SOBRE LLORADO" en Diario La Capital, Agosto 2016

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Rosario: llueve sobre llorado Familias amputadas, sueños destrozados, niños traumados, esfuerzos que se malogran… Rosario llora, Rosario duele, Rosario sangra. Luego de un lapso no tan extenso de estar fuera del país uno encuentra al retornar un panorama desolador: conversar con el taxista, con el comerciante, con la gente de a pie significa escuchar una larga y penosa enumeración de situaciones dolorosas derivadas de la inseguridad que se agrava sin reconocer límites. Lamentos, todo tipo de cambios de hábito, angustia y hasta desesperación. Las circunstancias no mejoran, ni siquiera se mantienen estables, empeoran. Basta un simple vistazo a las últimas noticias locales: asesinatos salvajes, entraderas y salideras cada vez más violentas, ancianos infartados por la violencia de los atracos, “rompepuertas”, motochorros recorriendo a su antojo zonas liberadas, comercios robados casi diariamente, familias que deben abandonar sus casas. La situación se ha desbordado. Los delincuentes y asesinos captan que Rosario está abandonada a su suerte y atacan de manera cada vez más violenta. No hay código o límite que no se haya superado. Golpizas y torturas, armas en la cabeza de niñitos, violaciones, extorsiones... Se roban sanatorios, restaurants, negocios del rubro que sea que se ven obligados a cerrar. Para dimensionar la cuestión sólo la cantidad de muertos producto de la delincuencia en la Argentina equivale a tres guerras de Malvinas al año, en dos décadas 54.000 muertos. Y a esta cifra, según los expertos, hay que multiplicarla por diez si se abarca la gente que ha quedado afectada. Para dimensionar la cuestión, el libro "Nunca Más" reporta 7.383 desaparecidos durante los dramáticos siete años de la dictadura militar. Hoy, en tres años o menos aún, las muertes violentas alcanzan esa cifra. Muy penosamente Rosario registra una altísima tasa de homicidios similar a la de Puerto Príncipe o la de Managua, incorporándose de tal manera a la lista de las veinte ciudades más violentas del mundo. Santa Fe, según las propias fuentes oficiales nacionales, va también a la cabeza en homicidios muy cómodamente, triplicando por ejemplo a Córdoba. Como viajero puedo agregar que es aún mucho peor lo expuesto dado que en algunas de las ciudades latinoamericanas citadas en las estadísticas los homicidios se producen en un altísimo porcentaje en zonas focalizadas, en riñas de fin de semana producidas principalmente por el alto consumo de alcohol o enfrentamientos barriales. Aquí en cambio todos o la gran mayoría en cualquier circunstancia, somos blanco. Falta de ejemplo, abandono del rol de los gobernantes, circunstancias que nos han inmerso en esta ley de la selva, la ley del más violento. Y en esa ley de la selva los que más pierden son los que menos tienen. Robados, abusados, sin tener posibilidad alguna de defensa. Se ha tocado fondo. En estas condiciones no hay proyecto familiar o de negocios viable. Queda todo librado a la esperanza de que “no nos toque a nosotros “.Es peligrosísimo naturalizar lo que sucede, no es normal, no es lógico, no es imposible de solucionar. Existen casos donde se pudo salir: hace no tantos años ciudades como Miami y New York eran invivibles, asediadas por capos narcos y mafias de todo tipo, policía comprada, zonas rojas y descontrol. Gestiones valientes, profundas y ejecutivas lograron transformaciones en poco tiempo. Se trata nada más y nada menos que de la aplicación de la ley con rigurosidad y ejemplo. Si no se ejerce la autoridad se produce esta particular “guerra civil” donde sólo una de las partes está armada; donde la sociedad en general vive “presa en libertad”, repletos de sistemas de alarma, de vigilancia, de rejas y sobre todo de miedo. En políticas de obra pública, de planeamiento, de pintar bicisendas, de turismo u otras se puede fallar, se puede no hacer nada, pero respecto a la seguridad se trata de VIDAS, del bien más preciado, único imposible de reemplazar o reparar. Las autoridades deben asumir el rol que el pueblo delega, hacerse cargo, trabajar profesionalmente. Rosario se hizo en base a hombres y mujeres valientes, honestos y comprometidos que se animaron a pensar Rosario en grande. Deberían tomar aquél ejemplo. Es un momento demasiado crítico para no tomarlo en serio: si los funcionarios actuales no pueden, no saben o no quieren deben dar un paso al costado o serán responsables personalmente por abandonar el rol principal para el que están donde están: velar por la vida de las personas, de las familias que habitan esta bendita ciudad, esta sufrida Provincia. – Miguel J. Culaciati

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